“Papuchi” Di Santo, una leyenda del futbol arequero
A lo largo de tres décadas, Oscar Di Santo deleitó con su inigualable talento natural a los seguidores más fanáticos del fútbol local que quedaban fascinados con la magia de su cintura indescifrable, aún para los defensores más avezados.
Di Santo arrancó a jugar en 1980 junto a los últimos suspiros de un ciclo histórico de Unidos que ganó cuatro campeonatos a partir de 1975. Permaneció en el club de la calle Sarmiento hasta el 86.
En su primera estadía en el elenco aurinegro disputó las finales de 1983 y 1985, pero al año siguiente fichó para San Antonio, un cuadro con buenos jugadores (Gustavo Fanti, Carlos Magallanes, Gustavo De Rosa, Carlos Cruzado), que no tuvo suerte en los resultados.
En 1987 llegó por primera vez a San Patricio, su segunda casa. En el 88 se incorporó a un ambicioso proyecto que Adolfo Maggio pensó para Rivadavia pero que terminó en un fracaso deportivo rotundo que trajo aparejadas profundas consecuencias económicas para los de la avenida Vieytes.
En 1989 comenzó su segunda etapa en San Patricio. El club del trébol sobre el corazón (que en esa temporada conquistó su primer título oficial) disfrutó la mejor versión futbolística de Oscar Di Santo. Con sus gambetas inesperadas y lujosas, pero a la vez demoledoras, se convirtió en una pieza clave en las vueltas olímpicas de 1993, 95 y 96.
En todo ese tiempo, “el negro”, como cariñosamente lo llamaban sus compañeros, integró varias sociedades inolvidables. Primero con Oscar Muzzi (su amigo de las tardes adolescentes en los potreros del barrio de las quintas) y sobre todo con el Matador Salvador Direnzo, tercero en la tabla de goleadores históricos de la Liga Deportiva.
En 1997, la actuación de Oscar Di Santo en el efímero recorrido del Deportivo Coresa por las competencias domésticas alcanzó un nivel superlativo. Su desempeñó en el cotejo definitorio, donde el novel conjunto verdiblanco que había armado Tato Medina goleó a Rivadavia por 4 a 1, fue sencillamente espectacular.
En 1999 retornó a Unidos. En 2001 jugó para Social. En 2003 para San Antonio. En 2004 una vez más vistió los colores de su querido San Patricio y en 2005 se afincó definitivamente en el Unidos que lo vio nacer y que lo convirtió en un verdadero mito popular, surgido en las entrañas profundas de una de las barriadas más humildes del pueblo.
El último capítulo fue en una noche de verano de 2010, cuando el elenco aurinegro disputaba la final del Clausura 2009 contra un muy buen cuadro de Rivadavia que dirigía Oscar Menconi. Papuchi resolvió su retiró del fútbol jugando 30 minutos casi brillantes, a la altura de su época de esplendor, con un gol incluido que llevó su sello inconfundible. Fue la mejor manera de decir adiós, digna de un hombre de su bien ganada fama.