La costumbre arequera de tomar mate en verano sin importar el calor
En nuestro pago, el verano tiene su propio ritmo: el sol fuerte sobre las veredas y la sombra buscada debajo de un árbol o de una galería fresca. Y en medio de ese calor, el mate sigue estando.
No importa si es en la plaza Arellano, en la costanera del río o en la vereda: siempre aparece un mate pasando de mano en mano. Para muchos puede resultar extraño tomar algo caliente cuando el termómetro trepa, pero para los arequeros el mate no depende del clima; es una forma de encuentro, una costumbre tan arraigada como las charlas que se estiran hasta que baja el sol.
Quienes saben de mate dicen que el secreto está en respetar ciertos detalles simples que aquí se repiten casi sin pensarlo. La yerba se acomoda inclinando el mate para que quede un pequeño hueco, se humedece primero con un chorrito de agua tibia y recién después llega el agua caliente, nunca hirviendo, para no quemar la yerba ni volverlo demasiado fuerte.
Así el mate rinde más, conserva el sabor y permite que la ronda siga sin apuros, cebada tras cebada, mientras la conversación se mezcla con el canto de las chicharras.
También hay quienes, en los días más pesados del verano arequero, prefieren cuidarse un poco más. Tomar mate de a poco, acompañarlo con agua fresca y evitar cebarlo demasiado caliente ayuda a que el cuerpo lo reciba mejor cuando el calor aprieta.
Son pequeños gestos que en el pueblo se conocen de memoria y que hacen que el mate siga siendo un compañero fiel incluso en las jornadas más ardientes. Y claro, están los que eligen una variante más refrescante: el tereré. Con jugo, con hielo o con hierbas, aparece sobre todo entre los más jóvenes.
Pero aun así, el mate tradicional sigue ganando la pulseada en muchas rondas. Porque en Areco, incluso en pleno verano, el mate no es sólo una bebida: es una manera sencilla y querida de seguir compartiendo el tiempo del pueblo.
