Historia de la gran fábrica a orillas del Río Areco
A mediados de octubre de 1945, la empresa propiedad de los señores Serafín Celsio Massi, Franco Napoleone y Fausto Frandolini comenzó con los trabajos de demolición de la ex fábrica de celulosas, un edificio montado en la orilla del Rio Areco que había marcado el paso del desarrollo industrial de nuestro pueblo desde 1865.
En ese lugar, donde hoy se encuentra el Parque San Martín, a lo largo del tiempo funcionaron el molino harinero, que casi a finales del siglo XIX modernizó Giovanni Zerboni con tecnología importada de Europa, la fábrica de lino y la empresa Celulosas Químicas Sudamericanas, que llegó a producir 4 toneladas diarias de pasta, empleando a 300 obreros, la mayoría de ellos locales y agrupados en un gremio denominado Centro Obrero Celulosas.
En marzo de 1944, la fábrica de celulosas dejó de trabajar y suspendió a todo el personal. En mayo se concretó la venta del edificio y de toda la maquinaria existente a la firma Celulosa Argentina que era dueña de establecimientos similares en Zárate y en Rosario. La operación se acordó en una cifra cercana al millón de pesos de entonces.
Los nuevos propietarios de la industria rápidamente desmantelaron el sector de la fábrica y trasladaron todas las maquinas destinada a la producción de celulosa y jamás reanudaron la actividad, a pesar de las intensas gestiones que llevaron adelante para evitar el cierre las autoridades Municipales y el Centro de Comercio Propiedad e Industria, que conformó una comisión especial de vecinos que inclusive se llegaron a entrevistar con el Coronel Juan Domingo Perón, que en esa época (agosto de 1944) se desempeñaba como Vicepresidente de la Nación, Ministro de Guerra y de Trabajo y Previsión Social. Pero ninguna de estas acciones tuvo éxito.
En ese momento se tejieron varias versiones sobre los motivos del cierre de una empresa que producía celulosa de lino y trigo y que también a partir de mediados de 1943 fabricaba un tipo de papel especial. Muchos relacionaron la operación con un incendio que la fábrica sufrió en febrero del 43, un siniestro que dejó cuantiosas pérdidas económicas, estimadas en un monto superior a los 250 mil pesos.
Pero lo más firme de esas conjeturas es que Celulosa Argentina compró y cerró la fábrica en San Antonio de Areco para despejar el camino de competidores en el rubro.
La demolición concluyó en los primeros días de diciembre de 1945 y solo quedaron en pie, como un testimonio histórico, las compuertas que embalsaban el agua del rio, el canal, el palomar, la balanza, la vieja casona donde hoy está la Dirección de Turismo, que fue reciclada en 1986 durante la gestión del Intendente Teodoro Domínguez y una de las altas chimeneas, que también fue demolida unos años más tarde.
Como un aporte final pensemos en esto: a mediados de la década del 40 San Antonio de Areco tenía una industria con 300 obreros sobre una población de 12.841 habitantes (según datos del Censo Nacional de 1947) y la mitad de ellos vivían y trabajaban en la zona rural. Por lo tanto, era muy significativo el peso de la producción industrial en la generación de empleo y en el movimiento de la economía interna de nuestro pueblo. El cierre de la fábrica generó serios problemas para muchas familias que debieron cambiar su manera de ganarse la vida y al mismo tiempo la actividad comercial también se vio fuertemente resentida por la caída brusca del consumo a causa del desempleo que creció hasta niveles insospechados.