El menú patrio arequero por el 25 de mayo vuelve a relucir
En San Antonio de Areco el 25 de Mayo no empieza con el himno ni con el desfile: empieza con el aroma. Apenas asoma el frío, las cocinas del pueblo se encienden temprano y el aire se llena de locro, de guiso y de empanadas recién horneadas.
En muchas casas el menú ya está decidido desde días antes, como una tradición que no necesita explicaciones. Y mientras algunos revuelven la olla, otros salen a buscar el locro encargado en algún restaurante, club o parrilla del pueblo, donde cada año se preparan platos especiales para la fecha.
Hay familias que no negocian el locro espeso, con maíz, porotos y chorizo colorado; otras prefieren la carbonada dulce y humeante, el puchero de toda la vida o el clásico guiso de lentejas.
Nunca faltan las empanadas, el asado para los que aprovechan el feriado en el patio y, de postre, los pastelitos de membrillo o batata, o el chocolate caliente con churros para combatir la mañana helada.
Dicen los historiadores que no todo lo que hoy asociamos al 25 de Mayo era exactamente lo que se comía en 1810, aunque muchos de esos platos sí vienen de las viejas cocinas criollas y coloniales.
El locro, por ejemplo, tiene raíces mucho más antiguas y nació mucho antes de la Revolución. Pero las tradiciones funcionan así: mezclan memoria, costumbre y afecto hasta convertirse en parte de la identidad.
Y quizá por eso en Areco el 25 de Mayo sigue teniendo sabor a pueblo. Porque más allá de las fechas y los manuales, hay algo profundamente nuestro en las mesas compartidas y las recetas que vuelven como parte del calendario nacional. Como pasa hace generaciones, la patria también se celebra comiendo.