Areco, el pueblo que nació de esperar a que baje el agua para cruzar el río

 Areco, el pueblo que nació de esperar a que baje el agua para cruzar el río

Antes de la construcción y de la habilitación de nuestro puente viejo (1857), los viajeros que se encontraban con el rio crecido debían acampar en las costas hasta que se dieran las condiciones para cruzarlo por los vados naturales de la geografía.

Durante la estadía, los que venían desde las provincias del norte se aprovisionaban en la Pulpería la Blanqueada, un almacén precario que contaba con las mercaderías mínimas.

Pero según contó el sacerdote Juan Celedonio Duque en su libro “Un recuerdo para el Pago de San Antonio de Areco”, en el sector que actualmente delimitan las calles Alsina, Moreno, Lavalle y Zerboni se desarrolló un pequeño núcleo urbano que contaba con almacén y herrería, una tahona, la carnicería de Eloy Martínez y la posta de Moyano, que disponía de 200 caballos. En ese tiempo se construyeron algunas modestas casitas de adobe y techo de teja.

Según el mismo sacerdote, en el fondo del terreno de Moyano llegaban misiones con curas para predicar la palabra de dios en la atención espiritual de los viajeros y vecinos.

Para tal fin, debajo de un monte de acacias estos misioneros colocaron una cruz de madera rodeada por un cuadrante de gruesos cadenas y esquineros de lapacho. En un altar oficiaban misa, confesaban, atendían a los enfermos y los obispos bendecían el sacramento de la primera comunión.

Con el paso del tiempo, ese espacio de la rivera se convirtió en un lugar tradicional y santo donde los viernes santos y en las festividades de San Roque y de Nuestra señora del Carmen los fieles concluían las procesiones que iniciaban en la parroquia San Antonio.

Evocando esas viejas épocas, en 1929 Duque y el vecindario organizaron las rogativas para que terminará una prolongada sequía que azotaba la región. Marcharon en procesión con la imagen de San Antonio hasta el punto donde estaba la Cruz misional. Allí celebraron una misa de campaña. Luego cruzaron el rio y la imagen del santo tocó el agua. Poco después, casi milagrosamente, comenzó a llover.