2326: ese número que nos define como pueblo

 2326: ese número que nos define como pueblo

En San Antonio de Areco hay cosas que no hace falta explicar: se saben. El prefijo 2326 es una de ellas. Está en el número del almacén, en la agenda de siempre, en ese papelito pegado en la heladera.

Y alcanza para ubicar no sólo un teléfono, sino una casa, una familia, una historia. Porque ese número, aunque no se diga, sigue abarcando el mismo mundo: Villa Lía, Duggan, Vagues…todos parte de ese Areco que se reconoce sin necesidad de aclaraciones.

Los más grandes todavía lo recuerdan como antes: 326. Así se marcaba, más corto, más directo. Después de los años noventa, cuando se ordenó la numeración en todo el país, ese 326 se estiró y pasó a ser 02326.

El cambio buscó ordenar y, sobre todo, generar más combinaciones para una red que crecía. Pero no borró lo anterior: lo incorporó. Ese 326 quedó adentro, como un ADN que todavía se reconoce.

Y alcanza con salir unos kilómetros para que el número cambie y también cambie la sensación. San Andrés de Giles es 2325, Carmen de Areco es 2477, Capitán Sarmiento es 2478. Son vecinos, están ahí nomás, pero no suenan igual.

Y ni hablar del 011, que ya parece de otro ritmo, de otra velocidad. No es un número distinto: revela otra forma de estar.

Por eso el 2326 es más que un prefijo. Es una forma de pertenecer. En un vistazo, en un número anotado, el arequero reconoce lo propio: “es de acá”.

En tiempos donde los números parecen mandar, ese código sigue funcionando como un guiño silencioso, un sello de cercanía, que alcanza para decir todo: dónde estamos y, sobre todo, de dónde somos.